Espejos
Dieciséis años y ya tengo que decidir sobre mi futuro. Aún dudo si me conozco lo suficiente como para dictaminar mi propósito en la vida. ¿No pueden esperar un poco más? No, tiene que ser ahora. Para rematar mi indecisión ¡no nos estrechan el campo de búsqueda! Puede que siga los pasos de mamá y la abuela y trabaje en una fábrica. O a lo mejor ayudo a la mujer del tío Rafa en la peluquería, me gusta escuchar las historias de las señoras del barrio cuando esperan a que el tinte haga su efecto mientras se toman un café.
Nadie de la familia ha ido nunca a la universidad. En su día, los hermanos de mamá, en vez de matricularse, se alistaron al ejército y la mayoría de las hermanas no fueron al instituto.
¿Y las primas? La mayor de todas está en una empresa de diseño y la pequeña está estudiando medicina. No está mal, pero creo que lo mío no son ni el arte ni las ciencias. Tendré que seguir buscando.
Mi hermana siempre habla de lo que otras mujeres han hecho, tal vez sus historias me pueden ayudar a elegir. Vamos a ver… Mary Shelley, por ejemplo. Una novelista británica que revolucionó el mundo de la novela de terror. Pese haberse visto limitada a la hora de publicar “Frankenstein” (historia que surgió de forma muy curiosa), su obra se ha hecho famosa y ha llegado a cambiar la forma de escribir historias de terror. Como ella hay muchas mujeres que lo han tenido complicado para divulgar sus trabajos sin ayuda de un hombre y han acabado siendo una inspiración para muchos. Conclusión: la literatura es poderosa…, pero puede que no sea para mí.
Si no nos dejaban dirigirnos a la gente con la escritura, la única forma de expresarnos y de que la gente nos escuchara era mediante el discurso. No soy muy buena en eso, pero la mujer que consiguió que pudiésemos votar sí que tenía una voz potente. Clara Campoamor fue una de las dos primeras mujeres en formar parte del Congreso durante la II República. No lo tuvo fácil, y aún así nos dio muchos derechos de los que no disponíamos. Si no fuese por ella, probablemente ahora no estaría estudiando y ninguna prima estaría en la universidad.
También hay trabajos infravalorados y poco reconocidos como el de María Moliner. Esta mujer escribió el “Diccionario del uso del español” a sus 66 años. Por lo que leo de Moliner, imagino que le encantaba su trabajo. Eso es lo que yo busco, poder trabajar de lo que me guste de verdad y me motive.
Puede que no necesite pensar a lo grande, quizá solo necesite conocerme un poco más para disfrutar de mi trabajo como Moliner. Al menos hasta que sepa lo que quiero de verdad. Hoy en día tengo más oportunidades gracias a las mujeres que lucharon por ello. Gracias a ellas puedo tomarme mi tiempo para decidir qué hacer y cómo hacerlo.