Cuestión de género
De vez en cuando paseo por la gramática a saltitos como si estuviera cruzando un río o jugando a la charranca, cogida de la mano del diccionario.
Descubro que de todas las palabras, las que más me gustan son las conectoras, las femeninas, las preposiciones, las conjunciones, las oraciones.
Observo que muchos de los conceptos lingüísticos fundamentales son masculinos: el nombre, el verbo, el adjetivo, pero que aislados pierden bastante su sentido y entonces suele haber conflictos con el género.
En cambio una preposición pequeñita, discreta y apenas visible puede cambiar el sentido de la oración, no es lo mismo decir de María, que para María, que con María o contra María.
¡Qué decir de las conjunciones!, las conjunciones son el pegamento de la lengua. Por ejemplo, la conjunción copulativa tiene una gran carga erótica, es la estríper de las conjunciones, es la que más se exhibe y a veces se usa casi de manera pornográfica.
La conjunción une, para bien o para mal, eso nunca se sabe.
El pronombre es un segundón acomplejado con la autoestima baja que no ha acabado de salir del huevo. Tiene una preferencia especial por las oraciones subordinadas.
De todos, los más detestables son los abusones, el determinante y sobretodo el posesivo. El posesivo es una bestia salvaje que va diciendo por ahí que María es suya y si María no se lo cree hace uso del imperativo y de las formas más desagradables del adjetivo: puta, furcia, zorra y otros sinónimos. La lengua es muy generosa con el posesivo, para que este pueda expresar sus malos sentimientos y peores perífrasis verbales, " voy a tener que matarla".
Afortunadamente las conjunciones pueden devolver al posesivo a la profunda caverna de la que nunca debió salir, con un: ¡Que no, que contigo ni harta de vino y piérdete! En estos casos suele ser muy útil el adverbio de negación NO.