Saltar al contingut Saltar a la navegació Informació de contacte

Invisible Carmen Gracia Casals. Premi en castellà, categoria d'adults. https://www.rubi.cat/@@site-logo/ajuntament-de-rubi.png

Invisible

Carmen Gracia Casals. Premi en castellà, categoria d'adults.

Se había puesto para despedirla la última camisa que ella había planchado. Olía a colonia infantil, a limpio, a nuevo. Decía a menudo que los niños olían a nuevo, a esperanza, a futuro y que los viejos olían a pasado, a recuerdos, a decrepitud. Agachó su cabeza para inspirar profundamente el olor de la prenda. Casi podía verla si cerraba los ojos, en el comedor, frente a la tabla de planchar, con su botella de plástico llena de agua y colonia infantil con la que rociaba suavemente las prendas antes de plancharlas. Era meticulosa, recorría cada pliegue, cada pequeña arruga alisando las imperfecciones con cada movimiento de muñeca. Siempre se mostró orgullosa de que sus hombres, como ella les llamaba a su padre y a él fueran con la ropa siempre perfecta. Qué poco valoraba su esfuerzo, el cariño y empeño con el que ejercía sus tareas de ama de casa, tardó en hacerlo. Tuvo que enfermar, dejar de ser ella para reclamar su sitio.

El alzheimer la hizo más dura, menos prudente. Le restó memoria y le sumó seguridad. Parecía como si la certeza del olvido que le aguardaba la obligara a poner nombre a todo lo que había hecho, con el objetivo  de que alguien lo recordara. Un día, poco después del diagnóstico se puso en huelga, ya sólo quedaban ellos dos, su padre había muerto y él pasaba más tiempo fuera que dentro, como un hotel con servicio las 24 horas del día. De pronto, las camisas sucias se acumularon en su habitación, exactamente dónde él las dejaba, su habitación se llenó de polvo y desorden y la nevera se vació para no volverse a llenar en semanas, exactamente doce. Una huelga de doce semanas en las que su madre intentó mostrar su trabajo, un trabajo invisible que con tanta devoción y rigor había desempeñado a lo largo de su vida, sin reconocimiento, ni nómina.

Hasta que lo comprendió. La insumisión de su madre le agrandó la mirada, la vio con su mochila de renuncias, de expectativas frustradas, de sueños que no se atrevió a soñar. Sintió lo injusto de su comportamiento para con ella, la arrogancia de marcos estrechos en la que se instaura el ser humano ante la vida cómoda que uno cree un derecho. La ingratitud que otorga el privilegio.

Junto a sus lágrimas, como una banda sonora, salían de sus entrañas miles de gracias susurrados al ataúd dónde descansaría para siempre, con su vestido favorito, perfectamente planchado y oliendo a limpio, a nuevo, lo hizo cómo ella lo hubiera hecho, con cuidado y amor. “Sobre todo hijo, quiero oler bien, no quiero oler a vieja, no me entierres con ropa que no esté planchada y huela a nueva”. Deseó estar a la altura, a su altura.

T'ha estat útil aquesta pàgina?

0
0