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La cubierta del Celler recupera su aspecto modernista según el proyecto original de Cesar Martinell Está previsto empezar la segunda fase de las obras, con un presupuesto de licitación de unos 763.000 euros, antes del fin de este año. https://www.rubi.cat/@@site-logo/ajuntament-de-rubi.svg

La cubierta del Celler recupera su aspecto modernista según el proyecto original de Cesar Martinell

Está previsto empezar la segunda fase de las obras, con un presupuesto de licitación de unos 763.000 euros, antes del fin de este año.
La cubierta del Celler está prácticamente terminada. Las obras de rehabilitación de este emblemático edificio se iniciaron en octubre de 2009 y contemplan diversas fases. La reconstrucción del tejado corresponde a la primera fase que se dará por terminada durante el verano. El siguiente paso es acondicionar el espacio interior para acabar con el arreglo del exterior del Celler.

Durante la primera fase del proyecto se ha construido la nueva cubierta, se han reforzado los cimientos de los muros perimetrales y en estos momentos se están ejecutando los elementos estructurales necesarios para incorporar un ascensor y nuevas escalas interiores. También se han derribado y limpiado diferentes estructuras interiores obsoletas para permitir los trabajos incluidos en la segunda fase de las obras, que incluyen la adecuación de la planta sótano, los acabados del edificio, los baños y la renovación de las instalaciones.

Tras el verano, los trabajos se centrarán en el interior del edificio. El Ayuntamiento de Rubí ya dispone del proyecto de esta segunda fase y prevé abrir la licitación, con un presupuesto máximo de € 762,952.50, durante las próximas semanas para poder adjudicar los trabajos a la vuelta de las vacaciones de verano e iniciarlos durante el último trimestre del año.

Las obras consistirán en completar los elementos arquitectónicos de que carece el edificio, siguiendo estrictamente el proyecto original de Cesar Martinell, así como acondicionar el interior del Celler para adaptarlo a su nuevo uso como centro cultural.

En la planta subterránea se ha proyectado una amplia sala diáfana de unos 300 metros cuadrados y de 4,5 metros de altura. En la primera planta del edificio, a la que se accederá desde la calle Pintor Murillo, se mantiene la doble altura actual, con una pequeña plataforma desde donde se puede ver todo el espacio central de la nave y las 20 tinas que hay la actualidad y que se conservan.

El proyecto de rehabilitación se completa con una última fase para arreglar el espacio exterior del Celler, que el Ayuntamiento ya ha empezado a trabajar a nivel de proyecto.

El Celler Cooperatiu de Rubí ocupa toda la manzana situada entre las calles Pintor Murillo, Prim, Federico García Lorca y Pintor Coello. Las obras de rehabilitación del edificio (sin incluir el arreglo del exterior) tienen un coste total de € 1,161,000, subvencionados en parte (€ 697,000) del Ministerio de Fomento y en parte (€ 500.000) por la Generalitat mediante el fondo FEDER.


Una bodega histórica

Cesar Martinell proyectó el Celler Cooperatiu de Rubí en 1920, cuatro años después de su titulación como arquitecto. Este edificio es contemporáneo de las grandes bodegas que han caracterizado su obra: Pinell de Brai (1919-1921), Cabra de Camp (1922) o Falset (1922) y es testigo del pasado agrícola de la ciudad.

Las bodegas proyectadas por Martinell entre 1918 y 1923 forman, posiblemente, el conjunto de obras agrarias más importantes construidas en Cataluña. Y es que supusieron un avance en el campo de la tecnología agroindustrial, ya que Martinell experimentó, a través de la arquitectura, nuevos métodos de elaboración del vino y el aceite.

Muchas de las decisiones tomadas por el arquitecto a la hora de diseñar estos espacios tienen una razón utilitaria y económica, basada en la experiencia de otros proyectos o transmitida por las mismas cooperativas. Así, sus construcciones incorporan una serie de características básicas: naves de gran volumen y correctamente ventiladas, la separación (con cámaras de aire ventiladas) de los depósitos enterrados para evitar la transmisión de calor en el momento de la fermentación del vino, o aberturas a la altura del zócalo para permitir la salida del ácido carbónico, fruto de la fermentación, entre otros.