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Las invisibles África Fuentes Garrido. Premio en castellano, categoría de adultos. https://www.rubi.cat/@@site-logo/ajuntament-de-rubi.png

Las invisibles

África Fuentes Garrido. Premio en castellano, categoría de adultos.

En la Casa Convalecencia, sede de la Universidad Autónoma de Barcelona, el público aguardaba un acto que intuía memorable. La luz de las vidrieras modernistas iluminaba los rostros expectantes. Sobre el escenario, una mesa y cuatro sillas esperaban.

Una mujer avanzó hasta el atril.

—Buenas tardes. Soy Elizabeth Jane Cochran, aunque quizá me conozcan por mi seudónimo, Nellie Bly.

En la tercera fila, una joven susurró:

—La reportera que se infiltró en un psiquiátrico para denunciar abusos.

—Sí —respondió otra voz—. Y la que dio la vuelta al mundo más rápido de lo que calculó Julio Verne.

Nellie esperó a que el murmullo se apagara y continuó.

—El feminismo ha estado presente a lo largo de la historia. Muchas hemos desafiado los roles sociales. Hoy escucharemos a mujeres cuya fuerza transformó el mundo.

El auditorio guardó silencio. La célebre periodista invitó a intervenir en la conferencia.

—Nuestra primera invitada llega desde su laboratorio. Se abrió camino en una profesión dominada por hombres. Doble Nobel en disciplinas científicas distintas. Demos la bienvenida a Marie Curie.

Una mujer menuda entró con discreción. El rostro era pálido, casi transparente.

—Nunca dejen de aprender —dijo—. Sean valientes, investiguen y no teman cometer errores. De los fracasos se aprende.

Los aplausos llenaron la sala. Nellie retomó la palabra:

—Hubo un tiempo en que las mujeres no podían votar. La siguiente invitada defendió ese derecho en el Parlamento español: Clara Campoamor.

La abogada avanzó con serenidad.

—Cambiar el sistema exige decisión e inteligencia. La mujer no se resigna, se rebela. Cree en sí misma.

El público asintió, conmovido.

—Y ahora —anunció Nellie—, alguien que nos enseñó a pensar en libertad.

Simone de Beauvoir tomó el micrófono.

—Una mujer libre no es una mujer fácil. No se nace mujer: se llega a serlo. La ovación fue inmediata. Nellie regresó al atril:

—Aún enfrentamos violencia de género, discriminación laboral y desigualdades. Queda mucho por hacer. Les invito a proponer ideas.

Una voluntaria ofreció un micrófono a una anciana sentada en la primera fila. Las manos curtidas descansaban sobre el regazo.

—¿Desea preguntar algo?

—No sabría qué decir. No fui a la escuela —respondió.

—Quizá quiera compartir su historia —propuso Nellie. Animada por las miradas cercanas, la anciana comenzó:

—Mi madre murió cuando yo tenía siete años. Empecé a trabajar como sirvienta. Las humillaciones eran diarias. Me casé joven. Quedé viuda con tres hijos y seguí adelante limpiando casas. Cuidé a mis padres. Ahora cuido a mis nietas.

Respiró hondo.

—Solo quiero vivir lo suficiente para verlas graduarse. Que sean libres. Que tengan otra vida.

Nellie se secó las lágrimas. Fue Marie quien se puso en pie primero. Después Clara. Simone hizo lo mismo y Nellie las imitó.

—Señora —dijo Nellie con la voz quebrada—, ¿querría subir con nosotras? La anciana caminó hasta el escenario entre aplausos.

—Hay vidas que no aparecen en los libros —dijo Nellie—. Mujeres invisibles que sostienen el mundo mientras otras escriben la historia.

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